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Por: Miguel Bettin. Ph.D., en Psicobiología U. Complutense. Magíster en Drogodependencias U. de Barcelona

Es casi imposible aproximarse a Foucault, circunscribiéndolo únicamente a su quehacer filosófico, no obstante, en ésta tarea, la misma que realiza con la finura de un experto cirujano, sea una fulgurante figura del siglo xx.

Es casi imposible dejarlo de pensar como el partero de David Cooper, Ronald Laing, Franco Basaglia y Thomas Szasz, entre otros, creadores e impulsadores todos, del movimiento antipsiquiátrico de los años sesenta del siglo pasado, que puso freno a la lobotomía prefrontal y la casi electrocutación para manejar a los locos, y a la utilización de la psicopatologización como un arma poderosa y aplastante de los estados totalitarios para acallar las voces disidentes.

Es muy difícil dejar de verlo y pensarlo como el escritor irreverente de lo marginal y lo marginado de la sociedad; los criminales, los homosexuales, los locos.

Es muy difícil verlo exclusivamente como filósofo, sin recordarlo como el jurista que puso patas arriba al aparataje penal y a su brazo represor, la cárcel.

Es prácticamente imposible no percibirlo como el más acucioso descriptor de la historia de la sexualidad, texto obligado para todo aquel que pretenda conocer acerca de la conducta sexual humana.

Pero tampoco resulta para nada fácil leer a Foucault, el filósofo, separándolo de su propia apasionada y turbulenta vida interior. Los Textos de Foucault son en su mayoría una verdadera pero sofisticada catarsis.

No obstante, esas dificultades autoimpuestas, para tratar de verlo exclusivamente, como el filósofo, de entenderlo en su detallado proceso de construcción del sujeto, ha resultado una aventura fascinante, ejercicio éste que no se da en los círculos psicológicos, donde si bien su lectura es obligada, la aproximación a su constructo filosófico apenas se toca tangencialmente.

La Historia de la sexualidad de Foucault, estudiada en mis ya lejanos años de juventud, había sido un texto revelador en su momento acerca del desarrollo de la sexualidad, así como clarificador respecto a las nuevas regulaciones, ahora pseudocientíficas, en torno a la sexualidad, que habían empezado a configurarse a mediados del siglo pasado. Sin embargo descubrir después, en esa misma historia de la sexualidad, ya no al sexólogo antes estudiado, sino al filósofo, que descompone en minúsculas piezas, con la paciencia de un relojero, los elementos constitutivos de las razones por las cuales la sexualidad ha sido vista en cada momento con las particularidades con las que se ha asumido, y que muestra al “sujeto” ahí precisamente en medio del discurso acerca de la sexualidad, me permitió dejar de lado el tema sexual propiamente dicho y centrarme en algo que resulta aún más interesante, al sujeto que se construye mediante las practicas del cultivo de sí, para el uso de los placeres, para la búsqueda de una estilística de la existencia.

Foucault había sido compañero de viaje obligado para cualquiera que se formara en ciencias humanas después de la mitad del siglo pasado, ese mismo Foucault, que con fuerza telúrica se oponía a la aciaga y avasallante presencia de la máquina positivista, convertida en rampante conductismo para supuestamente explicar las veleidades del ser humano. Ahora descubro que Foucault puede ser leído desde diversas perspectivas, que no es nunca el mismo, y que está vivo.

En mi parecer no hay terreno en el cual Foucault se erija en mayor medida como una inmensa figura del pensamiento humano, como en el de la psicopatología y la psiquiatría. Foucault toca a mediados del pasado siglo las puertas de la institución psiquiátrica, no para entrar y quedarse en ella, sino para mostrarla y dejar salir a la locura, para que le hablara en voz alta al mundo. Foucault descuartiza el discurso 3 psiquiátrico del momento y muestra sus torpezas y falacias, y a partir de ahí, para bien, ni la institución psiquiátrica ni el discurso psiquiátrico vuelven a ser los mismos, toman un nuevo impulso y cambian para mejorar de forma definitiva. Foucault parte en dos la historia de la psiquiatría.

Pero no obstante lo anterior, descubrir al Foucault, que descubre el proceso de construirse en sujeto, es una experiencia enriquecedora y útil.

Es obvio que a Foucault no le interesa hacer una historia de la sexualidad a la manera de una historiografía de momentos y lugares del sexo y la sexualidad, sino dilucidar, las razones por las cuales la sexualidad ha sido vista de diferentes formas en diferentes momentos y contextos y con ello nos aproxima al más fascinante de esos contextos y concepciones; el mundo Griego.

El pensamiento de Foucault pone al descubierto que el hombre está sometido a su conciencia, a su cultura, a su voluntad y a lo político. De ahí que el cuidado de sí mismo tenga tanta importancia. Mediante el cuidado de sí podemos librarnos de los intentos de sometimiento de los diferentes poderes, de las supuestas verdades que buscan doblegarnos e incluso liberarnos de nosotros mismos.

Estas “tecnologías del yo” en tanto que acciones ejercidas sobre uno mismo y que nos permiten efectuar operaciones sobre nuestros cuerpos, almas, pensamientos y conductas” para el cuidada de uno mismo, son un arma letal contra el sometimiento a ciegas.

Nada más atrayente que releer a Foucault para mi trabajo en este momento con jóvenes e incluso adultos con diversos con comportamientos oposicionistas desafiantes, con trastornos afectivos bipolares, con trastornos por consumo de sustancias, con los cuales realizo un trabajo que puede ser entendido como una hermenéutica del yo, si lo denominamos desde el mundo cristiano, cuidado de sí, si lo hacemos desde los estoicos, o estética de la existencia, si lo hacemos desde los griegos, pero que en última instancia no son sino técnicas para el buen vivir, que haber descubierto la construcción del sujeto desde la mirada de Michel Foucault.

 

Por: Miguel Bettin. Ph.D., en Psicobiología U. Complutense. Magíster en Drogodependencias U. de Barcelona

Parce una bichita, parce porfa, la última parce. No era la primera ni la última vez que Pipe, un joven de 14 años, de apenas uno con cincuenta de estatura, con rostro mas de niño que de adolescente, famélico y de ojos vivaces, le suplicaba al jíbaro que le diera una dosis más de basuco. El jíbaro cansado de los ruegos del niño, le dijo, “sabe que pelao, ves al man que esta al otro lao”. Si, le contesto Pipe. “Tomá”, le dijo el jíbaro al tiempo que le entregaba un cuchillo de cacha plateada. “Después lo arrastrás hasta acá y lo picás”.

Eran las 11 de la noche, Pipe, poseído por el desasosiego de la falta de basuco en su sistema nervioso, caminó decidido hacia la acera de enfrente, intercambió algunas palabras con el indigente que el jíbaro le había señalado y rápidamente con la agilidad de un profesional, que no lo era, le asestó 10 puñaladas en el cuerpo al indigente. Como pudo lo arrastró hasta la “olla”, tocó la desvencijada puerta, y el jíbaro le ayudo a entrarlo. Le entregó un hacha pequeña y sin inmutarse le dijo a Pipe; “Picálo, chiquito”. Dame unas bichas le dijo Pipe inmediatamente. El jíbaro se alejó hacia la habitación oscura del fondo del local y regreso con 5 bichas que le entregó a Pipe. Inmediatamente armó 5 “pistolos” y se los fumó uno tras otro.

La ansiedad después del quinto y las ganas de seguir fumándose otros, lo impulsó inmediatamente a ponerse en la tarea de descuartizar al indigente que había asesinado momentos antes. Tan pronto empezó a hacerlo se dio cuenta lo difícil que era descuartizar a una persona. Finalizó 2 horas y media después. Bien pelao le dijo el jíbaro cuando regresó y lo encontró, bañado en sangre frente a una montaña de pedazos de carne y huesos. Le entregó a Pipe inmediatamente un viejo pantalón de sudadera y un buzo de lana y obviamente una bolsa plástica con muchas bichas.

Pipe sabía en su interior, que al otro día, el portón de al lado abrirían temprano para las ventas de desayunos y almuerzos, y pondrían su aviso de hace meses; sopas a $1.500, esas sopas que todos en el Bronx en Bogotá conocían como “picao de loco”.

Pipe lo sabía, pero ya su adicción no le permitía que le importara, que hoy él era Pipe, pero mañana sería el indigente.

A pesar de los algo mas de 30 años que llevo tratando personas con problemas de abuso y dependencia drogas, y he terminado por oírsobre las mas abyectas conductas humanas, aún me sorprenden historias tan dolorosas como las de Pipe y el indigente. Veo a diario a decenas de personas como Pipe, pero siempre habrá algo mas allá que me sorprenda en ese tenebroso y doloroso mundo de las drogas.

Ahí en el Bronx había muchos Pipes, hijos de la violencia colombiana, esa de los miles y miles de abusos sexuales a niños, de la violencia contra las mujeres, la de las discriminaciones, la del hambre, la de la falta de salud, educación y oportunidades, y por supuesto la subversiva. El Bronx en Bogotá sigue vivo en el Sanber, en Kennedy, en Bosa, entre la 57 y la 63 entre caracas y 17 y en muchos otros sitios de la ciudad, de las ciudades colombianas; Barranquilla, Cali, Medellín, Bucaramanga, Cartagena, y en otras mas pequeñas como Santander de Quilichao, Tunja, Pasto.

Nuestras calles y las puertas de nuestros colegios y universidades están inundadas de drogas, a bajos precios, que distribuyen los mas violentos carteles. El problema del consumo de drogas en Colombia, requiere una solución a la colombiana. No es copiando el modelo holandés como pretenden algunos cándidos y poco imaginativos políticos, no es imitando el modelo sueco como creen los políticos rabiosos. El país mayor exportador de cocaína del mundo, necesita además de una verdadera política pública para ello, un organismo especialmente dedicado a enfrentar con inteligencia y ciencia éste fenómeno.

Esa violencia no se terminará con una acción militar rápida, efectista y publicitada. Ay de Colombia si seguimos incumpliendo el mandato ciudadano en materia de drogas, y no desarrollamos una verdadera política de salud mental que sane la psique de todos nuestros Pipes.

La pobreza en Colombia, es distinta a las de otros países pobres del orbe, la inequidad en Colombia, es distinta a la de otros países inequitativos, y son distintas porque somos el primer productor de cocaína del mundo, y gran productor de otras drogas. Y esa economía del narcotráfico que lo permea todo, que ha atravesado todas las ámbitos sociales colombianos, la educación, la salud, la política y obviamente la distribución de la riqueza, hace que tengamos que ser creativos y contundentes en el manejo de esa problemática.

No se trata de esgrimir discursos aparentemente progresistas que hagan ensayos sin bases científicas, se trata de que hagamos inversiones serias para crear centros de tratamientos ( los mejores del mundo) para nuestros adictos niños como Pipe y centros de tratamiento para nuestros adictos adultos y nuestras mujeres adictas. Y centros que atiendan a los adictos con patología dual. Necesitamos que nuestros niños de primaria y nuestros jóvenes de secundaria formen competencias para afrontar las situaciones de consumo y para que desarrollen proyectos de vida benéficos y saludables.